Se compone generalmente de 5 etapas:
Empatizar
Conocer a fondo a las personas involucradas o afectadas por el problema. Implica entrevistas, observación directa y escucha activa. En Diseño Social, esto es crucial para entender realidades sociales, culturales y económicas.
Definir
Analizar la información obtenida y formular una definición clara del problema desde la perspectiva de las personas usuarias o beneficiarias. Se crea un punto de vista (POV) centrado en sus necesidades reales.
Idear
Generar la mayor cantidad de ideas posibles, sin juzgar ni filtrar. Se fomenta la creatividad en equipo para encontrar soluciones potenciales al problema definido.
Prototipar
Crear representaciones simples o versiones preliminares de las ideas (modelos, esquemas, simulaciones). En Diseño Social, estos prototipos pueden ser herramientas, servicios o intervenciones comunitarias.
Testear
Probar los prototipos con usuarios reales, recoger feedback y ajustar la solución. Es un proceso iterativo: se puede volver atrás y redefinir o mejorar según los resultados obtenidos.
En el Diseño Social, el Design Thinking se adapta para trabajar con comunidades y buscar soluciones a problemas sociales complejos, como la pobreza, la exclusión, el acceso a la educación o la sostenibilidad.
Ejemplo de aplicación:
Supongamos que una ONG quiere mejorar el acceso a la educación en una zona rural. Aplicando Design Thinking:
Empatizan con estudiantes, docentes y familias para entender sus barreras reales (conectividad, transporte, motivación, etc.).
Definen que el mayor problema no es la falta de escuelas, sino la baja motivación de los estudiantes por la falta de referentes profesionales.
Idean actividades para conectar a los estudiantes con jóvenes profesionales de comunidades similares.
Prototipan una serie de talleres virtuales y visitas guiadas.
Testean con un grupo piloto, recogen opiniones, y ajustan la iniciativa antes de escalarla.